Hay momentos en esta vida que marcan un antes y un después en nuestra historia. Se convierten en el punto de inflexión a partir del cual todo cambia, pasan a ser la frontera desde la que nos asomamos para rascar a la memoria nuestros recuerdos.
Algunos de esos momentos quedan impresos con fuego en nuestro ser permitiéndonos tomar conciencia del por qué, o ayudándonos a encontrarlo partiendo desde un cuándo. Otras veces somos víctimas de la desidia que mueve el día a día y pasamos por alto "el momento", perdiendo así la clave que resuelve las encrucijadas, la referencia que da sentido al código, que aclara las distancias en el mapa.
Sin embargo es posible que no exista un momento preciso, ese "momento" que revestimos de la grandiosidad que las pequeñas cosas no pretenden, y que vivamos inmersos en un flujo, en un ir sin retorno en el que las pausas se confunden con siestas, los momentos con sirenas, las claves con esculturas en la arena...
No sé bien si existe una respuesta o si realmente deseo encontrarla. Aún así, aquí, ahora, me pregunto cuál fue el momento, cómo llegué hasta ese punto en el que dejé de ser un sueño para convertirme en insomnio. Qué te llevo, a ti mi querido anhelo, suspiro, origen, a perder la fe, a alquilar tus sueños a la segunda oportunidad cada vez que yo no alcanzo a superarlos, cada vez que pierdo...
Quisiera saber si al mirarme no me reconoces, o si deseas no reconocerme para no sentir cómo el sabor amargo de la decepción sube con furia desde tu estómago hasta llenar tu boca. Quisiera saber dónde buscar ese maldito momento, para poder revolver en sus entrañas, desgarrarlo y encontrar un mínimo resquicio de verdad. Si existiera ese momento...
Quizás, si lo encontrara sería capaz de explicar por qué piensas que un regalo caro servirá para hacerme recordar que aún me quieres... O quizás, pueda explicarme qué hizo que me perdiera en este estar deseando ser cubierta por el olvido.
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